Nueva temporada de más escritos, más ideas, más reflexiones y conversaciones.

Lo que soñamos lo buscamos, pero lo que obtenemos lo convertimos en historia.

Creer es transformar. Es construir el mundo, la vida y la realidad que compartimos con otros. El mundo no solo es un sistema que nos guía, oprime o libera. Más bien es el relacionamiento que existe en nosotros para entender que todos nos necesitamos los unos de los otros. Sin olvidar nuestro sentido natural de cuidar y sembrar.

Transformar es tener la visión de lo bueno y malo. Desde el principio como desde el desarrollo de nuestras acciones. Ya que ahí es donde podemos ver a quienes alcanzamos. Y es por ello que no solo es una invitación a la reflexión, o meditación sino al complemento de lo somos. Entendiendo que las circunstancias que nos rodean, cambian en nosotros la forma en como sentimos, percibimos y aceptamos lo que llega.

Por eso, alcanzar es ver la intimidad de quienes somos. Es entender que la historia se construye porque poseemos historia y de esta adjudicamos nuestros pensamientos, pasiones y sentido de realidad como de espiritualidad. Es el comienzo y el fin en medio de todo lo que hay. Es poseer influencia, cercanía y familiaridad en todo lo que hacemos.

Dado que por eso construimos relaciones, tiempo, emociones y verdades que cambian, o se establecen en diario vivir de con quienes compartimos. Alcanzar es una forma de saber que lo que hoy tenemos es una reflexión continua de lo que debemos cambiar.

El mundo hoy nos habla de alcanzar, de lograr, de buscar más hasta no saciar nuestros deseos, ¿por qué esto es lo que sentimos, no? De que debemos escalar una escalera al éxito. ¿Pero quién define el éxito para la vida?, las posesiones, el dinero, el poder, la controversia, o la dualidad de encontrarnos con nosotros mismos.

Hoy por hoy la vida comienza no solo en la concepción, o en cuando alguien piensa que sería mejor tener, la vida comienza cuando somos conscientes de tomar otro rumbo de nosotros mismos, de cuando sentimos la plenitud en todo lo que hacemos, es quizás alcanzar lo sencillo, relacionarnos sin intereses ocultos, es saber quienes nos pertenecen y aun con en los silencios aceptamos nuestros pensamientos y decidimos tomar una bocanada de aire para continuar.

Los logros no se miden en cuanto alcanzas, ni en cuánto dinero tienes, más bien deben medirse en cuanto tiempo tomas para lograr lo que te propones. Miremos el tiempo, la soledad, las ausencias y aun los retos personales que debemos superar para entender que la suerte como los milagros ocurren cuando no dejas de perseverar.

Hoy los milagros se ven como algo inalcanzable, pero estos son una oración, una plegaria o un rezo que se contesta diariamente. Estos comienzan con la gratitud, con la alegría y con el compartir lo que tienes con otros que lo necesitan, bien dice que este es el ayuno que yo quiero:

– Que liberen a los presos encadenados injustamente,

– Que liberen a los esclavos,

– Que dejen en libertad a los maltratados y que acaben con toda injusticia

— Que compartan el pan con los que tienen hambre,

– Que den refugio a los pobres,

– Que vistan a los que no tienen ropa, y ayuden a los demás (Is 58:6-7).

Es decir los milagros revelan tanto lo que viene del cielo como aquello que hay en nuestro interior, lo cual en muchas ocasiones es una limitación personal para hacer o es el poder romper las reglas con asertividad.

Bien se nos ha dicho que bienaventurados son los que se colocan primero antes que a su par, pero volteemos la balanza, y coloquemos al otros primero y luego a nosotros. Para saber que las aflicciones del ahora son enteramente pasajeras, y que el no tener control sobre ellas es saber que somos fuertes en nuestras debilidades. A esto alcanzar es ver al otro y apoyarlo hasta que podamos para que él logre su propio desarrollo.

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