Nueva temporada de más escritos, más ideas, más reflexiones y conversaciones.

Pensamos en lo que creemos, dudamos del mundo que nos rodea. Hoy y siempre lo mejor se desarrolla en comunidad aun cuando debemos pasar tiempo a solas.

El ego nos hace pensar ensimismados. No hace cerrar la verdad y decir aquello que no es cierto como “nadie tiene mayor amor que aquel que siente por otros” y ahí está la mentira del mundo. Que nos hace creer que podemos sentir lo que otros sienten, tan sólo con observar. Por ello la frase acertada es «Nadie tiene mayor amor, que aquel que da la vida por sus amigos”. Y esta rompe el legado del mundo y nos muestra la verdad, esa que liberta, sana y cura las heridas que cargamos.

A esto le llamamos plenitud, gozo o la sumatoria de muchas alegrías, como los sufrimientos que revelan en nosotros lo que es injusto, lo que es injurioso y calumniador del ahora. Por ello debemos develar las injusticias que llevamos dentro para caminar con la frente en alto y la digna rebeldía, la cual es permitida al momento de ver las acciones de mejora en la calidad de vida de otros. Por eso cuando hablamos de dar la vida por nuestros amigos es alejar lo que el mundo dice y comenzar a construir un yo no individualista sino colectivo. 

Ser perfectos es una instrucción muy alta, para cumplirla debemos tener la certeza de la integridad de a quien imitamos, porque no todos son dignos de imitar. Conozcamos lo que hay en sus corazones y confiemos en lo que es bueno, esto ya hace la distinción en el mundo, de ser buenos, de desarrollar en nosotros la seguridad, la estabilidad, y la confianza de tener con certeza un propósito y misión para cumplir.

Ya que nacemos en comunidad y nos desarrollamos en ella. Ya que la dignidad comienza a florecer cuando rompemos los ciclos de egoísmo y nos preocupamos por otros. Aun sabiendo que estos deben asumir sus responsabilidades personales.  

¿La perfección es nuestra causa a alcanzar? Quizás, porque la vida no se resume en éxito, no es pasajera sino que esta tiene sus momentos altos y otros bajos, en otras palabras es dura por siempre y para siempre, más allá de los libros de historia. 

No buscamos la perfección, el éxito o ser parte del status quo, más bien buscamos tener gozo en todas las circunstancias para afianzar lo que somos con lo que viene. Porque lo mejor no está por venir sino por confesar y hablar con la verdad, ya que nuestro mensaje son las buenas nuevas de vida y salvación, además de ser  ejemplo y apoyar a otros, aunque en nuestra actualidad hacer el bien solo sea por likes o visualizaciones en redes sociales. 

Hagamos el bien, al fin y al cabo en su momento llegará la recompensa. Meditemos, aprendamos, compartamos e instauremos modales flexibles a nuestros comportamientos. Todo, siempre tiene una dirección, y esa dirección es avanzar y no estancarnos por las acciones de nuestro pasado. El pasado importa para no volver a él, por ello este será nuestro tiempo presente para cambiar y hacer lo que dejamos de hacer el bien. El cual es ayudar y cuidar, sembrar y segar, levantar y animar, romper nuestro ensimismamiento y permitir que otros sean. Tanto desde una palabra como desde un abrazo.

Cada experiencia en nuestra vida es el complemento para renovar nuestras fuerzas, estas se acaban y se transforman, muchas veces debemos morir a ellas para sentir la ayuda, ya que morir es vivir y vivir es entender que las causas y los sueños son para algo más grande. 

Para este tiempo y para el tiempo de las memorias que aún no han llegado, sabemos que son un regalo dado que la vida es para los que la intervienen, acompañan a otros y para los valientes y que con verdad han encontrado la luz que siempre los a apoderado para seguir. Nuestra lucha hoy no es contra el otro sino contra la desesperanza y el olvido. Por eso escalamos una montaña más para siempre brillar.

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