Nueva temporada de más escritos, más ideas, más reflexiones y conversaciones.

Al principio todo estaba vacío. La tierra no tenía forma. Las tinieblas cubrían el abismo. y el Espíritu se movía sobre las aguas.

En el principio todo…, así comienza el mega relato que da forma a la fe, a las creencias, a los libros, a la tecnología y a todo lo que conocemos hoy. Es decir, hay un génesis y un apocalipsis -revelaciones-, una trayectoria que nos sirve como ejemplo para lo que buscamos con tantas ganas, hoy todos lo debemos conocer, tanto para nosotros como para el mundo que nos rodea.

Ya que este se ha establecido desde las palabras del Creador, que nos dice que somos su semejanza y hechura (Gn 2:7) como también suyos, dispuestos al mundo, a la realidad para multiplicarnos y sojuzgar la tierra. No para destruirla ni para esclavizarnos los unos a los otros por los deseos del corazón.

Más bien, cada uno de nosotros tiene para sí mismo un propósito y un destino, otros lo llaman predestinación y este es volver al Creador, pero cuando hablamos de propósito y destino es saber para qué somos buenos y cómo podemos desarrollar todo ello en el beneficio de muchos otros, sin descuidarnos, ya que no somos salvadores del mundo.

Hoy estamos y mañana solo somos ese recuerdo para aquellos que nos pertenecen. “La vida es como neblina, en un momento esta y al otro desaparece” (Stg 4:14). Muchos logran mantener en la memoria a aquellos que ya se adelantaron a la otra vida. Por eso nuestro mejor dato es saber que si hablamos por más de veinte años sobre los que han sido, este recuerdo perdurará en nosotros y trataremos de ejemplificar sus experiencias para mantenerlos con nosotros.

Y de eso se trata la vida desde un principio hasta el final. Conociendo el Alfa y la Omega (Ap 1:8). Con retos, metas, anhelos, fracasos, y aun ilusiones que se pierden en el horizonte. Algunos las llaman utopía y sirve para caminar, otros la llaman realidad y sirve para cuestionar el mal que hay en el mundo. Pero todos la vivimos de múltiples maneras. Ya que el principio es el mismo final para cada acto que tenemos en la vida.

Y sí, parece ser que la vida es como una gran obra de teatro, cada uno coloca cuantos actos hay en las tablas y cual de ellos es más importante mostrarle a los espectadores. Hablamos desde la comedia o la tragedia, pero no podemos decir que las tragedias reiterativas son una forma de vivir. Ahí hay algo que debemos cambiar para no repetir nuestra historia. Con esto veamos varios actos.   

Primer acto es el comienzo de nosotros, de otros, pasando por el desarrollo, el crecimiento, los primeros acercamientos a los conocimientos, los saberes, y a las experiencias. Esto forja en nosotros el camino del vivir y la visión del mundo. 

Segundo acto no solo es la conquista de los saberes, sino es la construcción de relaciones que determinan cómo somos en el mundo, sociales, antisociales, curiosos, tímidos, temidos… y en esta parte de la historia también vemos los fracasos en nuestras emociones y en la de los más cercanos. Por ello debemos ver la vida con sencillez y frescura para no complicarnos en el trámite de nuestras emociones y el enfrentamiento del fracaso.

Tercer acto es cuando comenzamos a trabajar por aquello que nos lleva a otro nivel, nos esforzamos una vez más con perseverancia a lograr las metas que siempre hemos dispuesto, cambiar lo que hemos sido como herencia, aprender algo novedoso, ayudar y cuidar a otros o solo recorrer los miles de kilómetros de asfalto del mundo, tratando de encontrar sentido a lo que somos.

Acá podemos decir, que todo principio tiene un Origen, una formalidad de saberes y conocimientos que antes de nosotros han existido y dan sentido a muchas de las ideas que hoy establecemos como propias. Por eso ver el comienzo de todo es proyectarnos a lo que nunca hemos podido imaginar, y lograrlo es saber que la vida es la mejor recompensa que tenemos para disfrutar.

Cuarto acto caminamos una y otra vez hasta saber el sentido de la vida, de lo que somos y cómo seremos si llegamos hasta cierto tiempo. Por eso todo bajo el cielo y después del vacío todo tiene su tiempo –Reflexión-. Tiempo de nacer, y tiempo de morir; tiempo de plantar, y tiempo de arrancar lo plantado; tiempo de matar, y tiempo de curar; tiempo de destruir, y tiempo de edificar; tiempo de llorar, y tiempo de reír; tiempo de endechar, y tiempo de bailar; tiempo de esparcir las piedras, y tiempo de juntar las piedras; tiempo de abrazar, y tiempo de alejarse de abrazar; tiempo de buscar, y tiempo de perder; tiempo de guardar, y tiempo de desechar; tiempo de romper, y tiempo de coser; tiempo de callar, y tiempo de hablar; tiempo de amar, y tiempo de aborrecer; tiempo de guerra, y tiempo de paz. (Ecl 3:2-8). 

Y acá es donde comenzamos a ir en pos de lo invisible, de la trascendencia, de saber que este es nuestro ahora y que la vida si es una construcción personal que se vuelve colectiva. Ya que si poseemos ayudemos a que muchos también lo tengan, ya que tenemos las posibilidades de que todo sea equitativo para el mundo, porque desde esta coexistencia es donde aprendemos a ver el principio y el fin de toda nuestra historia.

Amar no solo es cuidar, es servir y romper la esclavitud que hay en el mundo. La viralización es solo un sentido, pero lo real y lo que nos lleva a este último acto es ver desde el principio el final.

Acto final veamos desde el principio el final y aprendamos a ser nosotros con otros. Ya que la mejor manera de vivir no es comparándonos sino ayudándonos a superar nuestras propias limitaciones. Ya la historia contará como hemos sido. Y aun cuando no ha llegado el final. Pensando en esto: “lo intentó hasta su fin y no perdió la esperanza que venía desde su creador”.

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