¿Todos queremos recibir ayuda, unos pocos estamos dispuestos a recibirla, pero es en verdad la ayuda que necesitamos?
Hace unos días, en una corta pero confrontante llamada de teléfono, se dijo que a veces la vida se dispone para que queramos ayudar a otros, pero unos pocos segundos después salió de mi boca la expresión “el único que nos puede verdaderamente entender es DIOS”.
Y esto se da porque él es infinito, más que nosotros que somos finitos. Ahora bien debemos reconocer que en este mundo donde quisiéramos un poco más de empatía, de apoyo o de guía, muchos podemos caer en las manos del amigo equivocado.
Ya que nuestro ser está en la búsqueda de ser escuchados, y en vez de ello somos juzgados, y en ocasiones en vez de recibir aliento, somos rechazados y es ahí donde es más claro, que el corazón del ser humano atesora tantas cosas engañosas, que no nos damos cuenta lo que el otro quiere para nuestra vida.
Es por ello que es casi imperceptible ver el orgullo, ya que este hace que tu quieras que el otro actúe como tu lo haces, entonces saldría el “consejo” y el mensaje se torna en que Yo haría X o Y, y si tú hicieras esto te iría mejor.
Entonces esto me hace pensar o incluso decir que como yo te dije esto y no lo hiciste, no hay una buena acción en mi corazón, porque al principio de la llamada en mi corazón hay una buena voluntad de aconsejar, de cuidar y de mostrar que no estas solo, que yo te acompaño, pero no, porque la compañía, aún en la de hermanos, amigos, y en la de esposos esta es momentánea.
Porque las verdaderas batallas son aquellas que te confrontan, y que las vives internamente, en el espejo, en la mente, en la prueba que te hace crecer a ti como ser humano o que sencillamente te desmorona para mostrarte que aún de las cenizas volvemos a renacer.
Por eso parar y ver con amor al otro es pedirle a Dios que lo ayude, que lo llene, que lo guíe, y que sea ese mejor consejero que nosotros, ya que eso sería reconocer nuestra incapacidad, por eso ven te digo que no entiendo o que quisiera hacerlo, pero que tal si oramos juntos, que tal si oímos esa canción que nos hace pensar en lo bueno, en lo justo y en lo que trae gozo (JIREH – Su Presencia), que tal si le pedimos ayuda a un profesional, quizás sea el médico o un psicólogo, o mejor al creador de todo para que el nos afirme como lo ha hecho desde el vientre de nuestras madres y así podamos comprender porqué a unos nos duelen ciertas cosas y a otros unas muy diferentes.
Por eso ven, te invito a que seamos uno, no solo al conversar por teléfono, sino al pedir perdón por que nunca entendemos el peso de las palabras y el eco de estas, ni el poder que sale de la boca, la cual tiene por sí misma el fundamento de dar vida o destruir lo que se pretende construir. Por eso hoy reitero no estamos solos en ningún momento, ni de la vida, ni del devenir cotidiano, ya que la verdad nos hace libres y esto es lo que podemos confesar cuando nos vemos hacia adentro.
Hoy propongo que hablemos de lo que nadie quiere hablar, de cómo entramos a la sala de cirugía y de cómo salimos de ella, de como luchamos en la mente, con los pensamientos, y aun esos sentimientos de rechazo, de temor, y del dolor del duelo que nos alcanzan y es desde ahí donde nuestro amado creador está a nuestro lado recordándonos que él sí sabe cómo podemos salir de ese valle de la muerte, del corazón del desierto, y aun del hueco que atormenta nuestras vidas.
Es por ello que ayúdate que yo te ayudare, no es más que tomarnos de la mano de ÉL creador y saber que hay victoria al otro lado del río, es decir pasaremos a la otra orilla. En honor a Juan Pablo Guerrero.
by: @aea.villamil3
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