No hay relación directa, ¿pero que nos encontramos?
¡nos encontramos!
Caos, ruidos, lluvias,
estruendos, vidrios empañados, días soleados
y uno que otro fríos,
Cielos nublados y despejados,
cada uno de ellos corre,
con afán, con querer avanzar
y ¿si se retrocede?
¿Cuál sería el horizonte?
¿Cuál es la mirada?
¿Cuál es la motivación?
¿Por qué todo hacía adelante?
Caminar, meditar,
aquietar la mente,
que cosa tan difícil de hacer,
es como un enigmático por resolver.
El silencio se presenta
como un estado incómodo,
como aquello
que nuestro interior desea evitar.
Allí es dónde resplandece,
lo más profundo del ser
se aviva,
simplemente evadimos estar,
ser y desear,
No queremos habitar en el silencio,
queremos escapar.
Siempre hay razones para huir,
Al mismo tiempo,
sentimos con intensidad
abrazar,
ya sean lo momentos que logran calmar,
este silencio.
Qué no es más que una nota
en el pentagrama,
que señala un espacio
de sonoridad.
De allí no se logra escapar,
ni apagar
o salvaguardar.
La naturaleza del hombre
se concentra en abandonar
y no perseverar.
¿Qué razones tenemos para persistir?
¿Cuál es la escapatoria que ahuyenta el ruido?
¿Es el tiempo?
¿Es brindar?
¿Es celebrar o disfrutar de los silencios?
Más bien es redescubrir el valor de la vida,
lo cual nos lleva a ser
mejores seres humanos,
que enfrentan sus miedos,
sus luchas
y esas debilidades que los hacen,
porque la introspección
nos lleva a meditar.
Es tiempo de tomar
resoluciones,
que nos llevan
a conquistar,
a edificar
en otros,
a sembrar
con verdad,
que desde el amor mutuo
y el propio,
la doble vía
se desarrolla,
son las decisiones
que tomamos juntos
las que abren caminos
deseados,
que nos impulsan a cumplirnos
a nosotros mismos y a los demás.
No encontraremos nada más pertinente,
que decirle a la mente…
Detente.
by: @eliescastillo_
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