Nueva temporada de más escritos, más ideas, más reflexiones y conversaciones.

Asumir es avanzar, pero amar es entender todos los misterios, y este es de valientes.

Si no te perdonas, no serás capaz de amarme. Detrás de esta premisa, mi mente ha vagado de forma incesante durante los últimos minutos, horas, días, semanas, y meses ¿a quién quiero engañar? A mis compañeros, a mis amigos, a mi pareja, a mi familia, o a mí mismo.

Sé que han sido semanas completas en las que he amasado en mi mente una especie de masa de culpa que son mezcladas con notas de vergüenza, y de acusación. No cualquier acusación, sino autoacusación, la mejor de todas cuando de acusaciones se trata.

Ya que esta no pasa, sino que rumia una y otra vez en la mente, en el corazón y aun en los comportamientos que desarrolló para relacionarme con otros, ya que ahí hay una fortaleza que debo romper para compartir y así vivir en libertad, en verdad y fe. 

Con el tiempo, esta idea se ha fermentado y, por supuesto, todo gracias a la levadura del no perdón, no perdonarme a mí mismo, mis culpas, mis embarradas, mis errores, mi pasado.

Ese mismo pasado al que, por más que intento y deseo regresar en un supuesto imaginario, ya que creo que hago las cosas de manera diferente y cambio el curso del presente, pero vuelvo a la realidad y me doy cuenta que no me es posible, porque simplemente así no funcionan las decisiones del pasado al presente y cada acción como cada convicción se van alimentando en lo que soy hoy en día, es decir el pasado es parte de lo que soy ahora.

Amasar y dejar fermentar a diario, la vergüenza y la culpabilidad es para mi sin lugar a duda el lugar donde, quizás sin darnos cuenta, nos interponemos a nosotros mismos con tal severidad que amarnos parece imposible y desde este pensamiento me surge la siguiente pregunta: ¿cómo amar a Dios y a los demás si no te amas a ti mismo?

Entonces ahí leí, y aprendí que fue por Jesús, que he sido reconciliado con mi papá Dios y por lo tanto soy libre de toda culpa, vergüenza y condenación y mi papá no ve el desastre de masa en mi, en cambio ve a Jesús en su esplendor. 

También leí lo que dice Lucas 7:47 

“Que al que mucho se le ha perdonado mucho ha sido amado y por lo tanto ha de sentirse amado”.

Ahora bien, meditando esto en mi mente, saltó la imagen de un pan caliente, dorado y trenzado, y de la nada esta pregunta llego a mi: ¿qué tal si exactamente la misma masa fermentada que en tu mente te paraliza y te roba el deseo de disfrutar la vida, está en las manos del mejor panadero, artesano que tiene un potencial completamente diferente?

Y entonces llegaron más versos a mi cabeza como Romanos 4:7, el cual dice: “aquellos a quienes se les ha perdonado sus errores son verdaderamente dichosos, son dichosos aquellos cuyo pecado no tomará el señor en cuenta!”

Es decir, perdonar tiene un acto diferenciador de lo que soy yo para el mundo, porque éste nace del corazón y se da para aprender sobre lo que tenemos, ahora bien, creo que cuando de juzgar se trata somos los más severos con nosotros mismos pero podemos recordar lo que escrito esta y es:

«¿quien acusará a los escogidos de Dios? Es Dios mismo quien nos justifica, y es Cristo quien intercede diariamente por nosotros”. Romanos 8: 33-34.

Nosotros debemos quitarnos esa actitud de juzgar a otros, comenzando por nosotros, y ampliando el cerco de la bondad, porque Dios nos justifica, y por medio de Jesús nos ve con ojos de amor para amarnos y aceptarnos. Por eso creo firmemente que Él más que nadie puede ver en cada uno de nosotros el verdadero potencial de nuestro desastre, y es que este desastre muchas veces está fermentado. Y nos lleva a creer que perdonar es un acto de amor desinteresado.  

By: @hernando_palacios 

Deja un comentario