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Aprender de lo que nos rodea, lleva consigo una pregunta ¿somos esas hojas en blanco y la sociedad escribe en nosotros lo que le place?, quizás sí o no, pero hemos visto muchas circunstancias que forman en nosotros las emociones, los valores y la identidad cultural que poseemos. Claro esta última es más por el contexto, por donde habitamos y así mismo construimos comunidad.

Pero todo esto dicta algo en nosotros, y claro desde nuestro origen podemos decir que tenemos una naturaleza, sencilla, capacitada, pecaminosa, confusa o que se va desarrollando con el tiempo, y es así como nos enfrentamos a los devenires de la sociedad, ya que esta si tiene peso en lo que nos convertimos y en cómo entendemos los hechos que nos acompañan.

De niños, de adolescentes, de jóvenes y aun de adultos compartimos escenarios nuevos (educación, trabajo, cambio de ciudades, nuevos viajes, etc.) y esto nos muestra un panorama sencillo y es que somos uno dentro de los miles, así mismo también compartimos las celebraciones, los triunfos, los fracasos, las rupturas de corazón y porque no los duelos, o la muerte de alguien allegado que nos toma desprovistos.

Todas estas circunstancias hacen que nuestras emociones se consoliden, se cuestionen, y se establezcan para que podamos ver con otros ojos y con madurez la vida que tenemos, ¿hemos visto la película intensamente –Inside Out-? una pequeña sinopsis de esta, y es que en nuestra cabeza ocurren miles de sucesos, historias, recuerdos, interconexiones, dolores, frustraciones y así se exploran las emociones, ya sea aburrimiento, alegría, ansiedad, envidia, desagrado, ira, temor, tristeza, y vergüenza.

Todos tenemos emociones, que expresamos o reprimimos y ahí está nuestro conflicto, estas deben salir de nosotros para formar lo que somos, seres humanos imperfectos, que somos “conscientes” que debemos trabajar en nosotros para ser con otros y en sociedad, entendiendo esto sí somos una hoja en blanco, que tiene matices diferenciadores, reales y objetivos que superan su naturaleza egoísta, necia, falsa, envidiosa, rechazada, narcisista entre otras, para convertirse en algo diferente, es decir, solidarios, empáticos, bondadosos, gentiles, amorosos.

Porque la sociedad escribe en nosotros pero somos nosotros quienes tomamos posición para que esta no tenga tanta influencia en nuestras acciones y decisiones, porque si no, entraríamos en una dualidad de jugar con nuestras creencias, valores, verdades y nociones de la realidad y ahí estaría en jaque nuestra identidad.

Recordemos una leve historia:

Daniel decidió no contaminarse con la comida y el vino de la mesa real, y pidió al jefe del personal que le permitiera no contaminarse. DANIEL 1:8.

El contexto es sencillo, un jóven de la familia real, es llevado esclavo a un nuevo reino, en este el rey del momento dice que deben prepararlo a él y a otros para presentarse ante su corte y mostrar sus destrezas, sus conocimientos, su sabiduría, su belleza para ser parte de esta. Al pasar la prueba, son seleccionados Daniel y tres de sus amigos, pero dato curioso, a estos les quitan todo, su nombre, su identidad, su nación, sus costumbres, valores, creencias y los vuelven otros ¿Qué pasó?, la influencia del mundo –Babilonia, Egipto, Persia, Siria- puede decir quien eres, que eres, como te vistes y como te comportas, qué comes, que no.

¿Pero será esto lo esencial de la identidad? o cabe mejor preguntarnos ¿Qué es aquello que nos gobierna? o ¿A qué le damos autoridad en nuestra vida para que determine lo que somos y no otra cosa? En esta pequeña confusión estamos en el siglo XXI donde no sabemos cuales son nuestros valores, nuestras posiciones, es decir no vemos con claridad lo que es bueno y lo que es malo, ya que en el discurso popular tenemos dualidad, reduccionismo, o mejor una fractura social.

Y si pensamos en el caso de Daniel, la identidad es aquello que se tiene, tanto del percibir como de la estima que tenemos de nosotros mismos, además de la cultura, las experiencias personales, las relaciones sociales y un sinfín de aspectos que nos posicionan al mundo y nos hacen mostrar lo que somos, y que se debe mantener pese a cualquier cambio de las circunstancias, y es aquí donde cobra sentido lo expuesto por Timothy Keller quien señala que «la identidad es fundamentalmente un asunto del corazón». 

Con esta afirmación se sugiere que nuestra identidad es una cuestión integral que abarca nuestras creencias más profundas, nuestras emociones y nuestra búsqueda de sentido en la vida. Y es ahí donde vemos que este concepto va más allá de la superficialidad y refleja nuestra comprensión del mundo y de nosotros mismos desde una perspectiva teocéntrica.

Es decir, que no es solo aquello que nuestro corazón anhela, sino como buscamos llevarlo a cada uno de los roles de nuestra vida para que ésta cobre sentido en el mundo en el que vivimos. Superando la noción de nace, consume y muere. 

Por que sí vemos aún sigue sin ser claro que define nuestra identidad para que sea constante, clara, congruente y consecuente. ¿Serán nuestros principios, valores, creencias, experiencias, o lo que otros dicen de nosotros? Esta es la paradoja que hoy debemos tener no solo por existencia, sino porque podemos avanzar en romper los modelos que tenemos pero responsabilizándose con aquello que decidimos pensando no solo en el tiempo de vida sino también después de la muerte. 

Nuestra vida no la determina la sociedad, ella escribe en nosotros lo que dejamos que haga, ya sea sus tendencias, sus formas de atomización y/o de estigmatización, pero somos nosotros los que construimos para vivir, y es por ello que pensamos que la identidad no es solo nacer, consumir y morir, sino es anclarnos a un principio mayor y es que tenemos un sentido, un propósito y una misión no solo con nosotros sino con nuestro entorno, y es que desde las acciones pequeñas tenemos peso para tomar acciones más grandes.

Que lo que nos motiva nos ayude y que sin importar, el día, la hora, las personas o las circunstancias, este esté sustentado en amor, esperanza, y fe, No podemos atrapar el viento con nuestras manos. Entonces podríamos confirmar que la identidad es la comprensión más profunda de quiénes somos como individuos y viene determinada por nuestras experiencias, nuestras creencias, la fe en la existencia de Dios y el propósito que Él nos ha dado para con otros, por ello escribamos nuestra historia y carguemos la de identidad, valores y principios más que de consumismo y muerte.

For: @aeavillamil3

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