Nueva temporada de más escritos, más ideas, más reflexiones y conversaciones.

Tenemos tantos espejos, que preferimos seguir las tendencias a la verdad.

Caminar es muy distinto hoy en día, en los inicios de nuestra humanidad lo hacíamos en los montes, los valles, los collados, y en toda esa parte rural que a veces tratamos de quitar de nosotros pero que nos llama con más fuerza a encontrarnos nuevamente con ella, hoy lo hacemos dentro de la selva de concreto y dentro del asfalto que nos carcome cuando hay oleadas de calor, de lluvia o de frío. 

Ya no podemos transitar con la seguridad que teníamos años atrás, esto se debe a que hay cambios en nosotros y en los contextos que habitamos, tanto así que los sentidos se han alterado y aun en las percepciones de seguridad estas son más inseguras que calma con la que se muestran, por eso entender este cambio es saber que la realidad es una construcción suficiente para ver a otros desde lo que son y desde lo que la sociedad ha dictado para ellos, como para nosotros mismos con aquello que peleamos internamente. 

El presente de nuestra sociedad es de consumo, decadente y en ocasiones con más desesperanza que con esperanza y esto se debe a que cuando hacemos altos y doblamos nuestras rodillas reconocemos que no somos suficientes para ser autosuficientes –Necesitamos de otros para vivir en plenitud-. Por eso, lo complejo del ahora es vivir con sentido, con propósito y con disposición de perseverar, ya que ante tanta inmediatez se nos olvida el valor de las cosas y el precio que estas tienen en tiempo para ser, brillar y en ocasiones morir para volver a vivir dentro de las propias cenizas. 

Es complejo el camino que hoy trazamos, tenemos que luchar contra tantas voces que una de las más fuertes es la comparación con otros, con lo que la sociedad quiere o con lo que ella catapulta como éxito, para decir si somos aceptados o rechazados por el mundo. Y así mismo podríamos decir que los dioses de la sociedad moderna son tres, 1. Poder 2. Alabanza y 3. Dinero. 

Por eso, andar en la búsqueda constante de la perfección es preguntarnos ¿seremos perfectos en algún momento o nos hemos vuelto los críticos más contundentes de nuestros fracasos?  y desde ahí podemos decir que el hombre llegará a ser perfecto cuando su sí sea sí, y su no sea no. Pero esta dualidad se vuelve más fuerte con el pasar de los días, con el construir nuestras convicciones, ya que si vemos el tiempo este nos ha pasado, y solo nos ha dejado secuencia de hechos, aprendizajes y tropiezos en la vida, los cuales nos permiten repetir nuestros patrones comparativos o tomar decisiones para ser distintos en la sociedad e ir en contra corriente.

Y si elegimos el último, este será más contundente para aprender a vivir en una sociedad que quiere “perfección” desde la imperfección, y esta se da porque como humanos fallamos desde nuestro origen, y se intensifica cuando no reconocemos nuestros errores. Por eso, miremos hacia adentro y preguntemos.  

¿Qué podemos decir del corazón?, este es engañoso, es de doble ánimo, solo busca su satisfacción sobre todas las cosas, pero de él mana la vida, por eso cuidarlo, cercarlo y protegerlo en todo momento es una tarea que no debemos descuidar. Ya que las circunstancias lo tocan, lo rozan, lo lastiman y lo vuelven más una mancha negra que una carmesí, y al perder este último color es saber qué está lastimado y merece atención, cuidado, ternura y bondad desinteresada para remendar. 

El mundo está roto, como todos los que habitan en él, y esto es porque no se presta atención a lo importante, ya que esto es invisible a los ojos,  cambiando el corazón obtendremos cambios, historias y anécdotas que nos reten a seguir perseverando. Pero ¿cómo cambiamos el corazón? mirando en perspectiva todas la vida, reconociendo lo bueno y lo malo, aceptando los intereses del vivir, y llevando a la acción más decisiones y convicciones que solo palabrerías, las cuales muchos lo dicen para sentirse bien consigo mismos y solo producen engaño. 

Es tiempo de mirar, de recoger lo que hemos sembrado y si no hay nada de ello, volvamos al inicio de la vida, y caminemos con esperanza, con verdad y con entendimiento de las circunstancias, vendrán tiempos donde debemos sembrar para recoger y es ahí donde podemos pisar no solo el primer escalón, sino los que vienen para avanzar, revisemos las simientes de nuestras murallas y entendamos el susurro que nos grita que de seguro volveremos a fallar.

Siete veces cae el justo pero aun de la última se levantara, y claro esta es nuestra convicción, no son los errores los que hablan de nosotros, sino es que tan rápido podemos levantarnos para ayudar a otros y seguir en la carrera angosta de la vida, ya que en la ancha muchos caben pero pocos son los que llegan a la meta. Ya que la lucha ahí no es contra sus pares sino contra sus propios demonios. 

La perfección solo es una idea vacía que cae en su propio peso, solo podemos hacer las cosas bien en muchos sentidos, pero nunca seremos perfectos. Ya que esta perfección no es una meta constante de aquellos que cambian el mundo, más bien tomemos un esfero y en una hoja saquemos los propósitos que nos acompañan para creer que cada palabra profesada la cual es vida o muerte a los planes, a las ideas o a las convicciones que nos representan.

Seamos los nuevos espejos para la sociedad, que con perseverancia saben que deben hacer, y es no entrar en sus dinámicas, hablemos con verdad y colocar límites sensatos es decir lo que ocurre, ya que peleamos con la empatía que es más simpatía, y con la tolerancia que se vuelve una discusión moralista a lo que está mal, ya que hoy lo bueno es malo y lo malo es bueno. Volvamos a los valores fundamentales y organicemos nuestro mundo para poder habitar.

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