Las relaciones se establecen desde muchos ángulos, algunas priman más que otras, y hablamos de lo que nos parecemos.
El mundo es el epicentro de las mayores confrontaciones de lo humano contra lo natural, vemos en estas elecciones atribuciones sociales, políticas, militares, ideológicas y por qué no económicas, las cuales rigen el mercado, el mundo y cómo nos comportamos en él, hablamos de la producción de bienes como de servicios, y aun de nosotros mismos “ya que todo está a la venta”, y si es así, todo esto puede entenderse que es el campo de batalla.
Muchos sobreviven, otros entran en tendencias en las redes sociales virtuales, pero ahí es donde muchos son de agrado y otros de desagrado, la virtualidad comienza a ganar peleas “reales” y dicta un cambio de visión del mundo, pero la realidad es otra, y es que de acuerdo a los permisos que tengamos desde el poder, enfrentaremos la verdad, el cuidado o la censura de nosotros mismos.
El ser humano tiene unas necesidades básicas, donde lo afectivo, lo emocional y lo que afirma es importante y debe ser saldado para que podamos tener un buen desarrollo, sino lo tenemos, comenzamos a buscar tendencias, renombres y aun virtudes comparativas para ser reconocidos y saber que ese hueco sigue estando ahí, ya que los que nos ayudan a que esto se cumpla, hoy por hoy no tienen posición, ni argumentos que valoren lo que somos.
Podemos decir, que estas son nuestras familias, nuestros parientes y aun aquellos que reconocemos desde la admiración, pero como la sociedad hoy tiene una crisis de referentes, y de moralismo dudosos, no sabemos en quién buscar este aporte a nuestra vida. Por eso, vamos de exceso, en exceso, de egoísmo tras egoísmo, y aun la manipulación es un criterio de afectividad que llamamos.
Somos tan débiles y volátiles que nos cuesta llamar las cosas por su nombre, y esta también es una elección, nos llenamos de discursos, unos con fundamento y otros vacíos, porque es mejor repetir una y otra vez lo que otros dicen para sentirnos aceptados. Pero quizás ahí no está la aceptación, ni el reconocimiento, sino es una disposición para trabajar y entrar en el proceso.
¿Qué proceso preguntamos?, el del vivir, el de sonreír pese a las situaciones que nos acontezcan, el de ver más allá de lo que ya tenemos, ya que hemos visto cambios, reivindicaciones de derechos, virtudes humanas que cambian enfrentamientos, pero el arriesgarlo todo por la nada, es saber que persistimos, creemos en comunión y sabemos que la defensa de lo nuevo es crecer en intimidad, perseverancia, fe, para ver un cambio, un milagro.
Todos merecemos hacer elecciones que cambien, que nos demuestran el poder de nosotros, de otros y aun de la naturaleza en nosotros, no olvidando al Arquitecto de la vida, el cual nos permite, vivir y no sobrevivir, resistiendo un poco más y venciendo al fuerte, al que todo le cambia cuando se estremece su mundo, su momento.
Ahí, es donde nosotros nos encontramos, nos rebelamos y nos relacionamos más y más para avanzar, para interpretar las principales teorías económicas, sociológicas, antropológicas, psicológicas, filosóficas, pedagógicas, políticas, teleológicas y teológicas las cuales increpan nuestro mundo y sus contradicciones en el proceso histórico de igualdad y hegemonía estructural de la sociedad.
Elijamos, tomemos posiciones y establezcamos para cuidar, para dictar y guiar a otros a un sendero realista, donde reconocernos es saber el establecimiento, es vivir y confiar en el otro y aun en trabajar para que otros crezcan. Sí, todos lo podemos hacer, solo es comenzar desde una pequeña elección para avanzar y comprender la realidad.
Ya que los que cambian al mundo, hacen que este se acomode a ellos, pero los que solo caminan se acomodan a sus tendencias, y acá la invitación es a seguir, perseguir, elegir y sobre todo estudiar con detenimiento la verdad, ya que si esta es Verbo, desde ello todo lo que somos y se ha construido es real.
El tiempo solo es una estructura, los días pasan, las mañanas se establecen, y los atardeceres son reales, pero cómo cada acción trae un deleite, aprendamos de este, continuemos y sepamos que es tiempo de juntanzas, de revelaciones y de acompañamientos. La vida es una constante resistencia y desde ella aprendemos a vivir por el legado que ya formamos.
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