La sorpresa hace parte de lo que seremos, pero nunca sucumbiría a nuestra cobardía.
Los miedos son las intenciones de nuestro ser, al relacionarse con el contexto o con aquellas acciones que no podemos explicar, son retos pragmáticos que nos ayudan a poseer claridades, dudas e incredulidades de lo que conocemos y desconocemos a la vez, existen varios momentos donde también son la razón para abandonar todo lo que creemos, vivimos y emprendemos dentro de la estrecha relación que se tiene con la soledad.
No podemos ver a la soledad como esa escucha de eco en el barranco, esta tiene más de nuestra compañía que unos simples instantes, comprenderla es adentrarnos en la verdadera búsqueda de la libertad dentro del mundo que conocemos y desconocemos desde lo que imaginamos.
La imaginación nos lleva a encontrar sorpresas, misterios, y sensaciones que se deben resolver, relatar y pensar para tener claridad en los desconciertos que merecen silencio, todo lo que disponemos a nosotros mismos es la necedad de acompañar nuestras ideas, ideales, criterios, acciones, reflexiones y esos espacios para siempre poder compartir historias que entrelazan pasados, presente y demuestran el vivir más allá del mismo origen del envejecimiento, es decir, la eternidad y el milenarismo.
Todo lo que poseemos se basa en nuestra relación con el susto, esta es la constitución de los momentos que alarman nuestro contexto, para ser precavidos, arriesgados o sencillamente temerosos, sin temor no hay victoria y sin la victoria no hay halago y triunfo que valga la pena contar, para así mismo ser de la historia, una vez se escribió me gusta que te guste con susto.
Lo curioso es que el ahora es más que la tranquilidad, esta se vuelve nuestra terquedad, al no dejarnos sospechar el porqué de nuestros tiempos, ya que si este existiera en otros momentos la historia sería distinta, aun con los mismos del comienzos, por eso que la historia sea sencilla, y cuando uno muere, otro se levanta para cubrir el espacio de una vida efectiva.
Somos el misterio de la construcción de relaciones sociales, del conocimiento y por supuesto de la afectividad demostraron que el miedo es la justificación más humana desde donde se promete romper con nuestras propias conductas de gozo, placer y del sentido efímero de los momentum que compartimos con otros.
Otros son los espacios, los lugares, las exclamaciones y el conocimiento acerca de la vida, de la muerte y de lo que en verdad es un camino lleno de incertidumbres, no es quien posea las mejores visiones del mundo o del actuar, se trata sencillamente de conocer las ideas para ver que tan claro se puede disponer de los recursos propios a nivel sensorial para poder afrontar lo venidero, hoy se puede decir que la vida es gozo, mañana se podrá hablar con falsedad, muchos creen que los retos personales y colectivos son muestra de nuestra economía pero no, son de de nuestra propia individualidad.
El susto da miedo, pero el último es la mejor sensación para caminar, caminar es el reto persistente que debemos poseer, dudando de lo que somos, pero creyendo en aquellos pocos que han caminado con nosotros, ya que no es un título el que da el valor de nuestra propia humanidad, sino son las acciones las que nos llevarán a confrontar las visiones que todos poseemos del ahora.
Nuestros sustos son la confusión de la vida, pero son las sorpresas que exaltan la fascinación de lo que en algún momento deseamos ver. Las exclamaciones son las razones de nuestros riesgos y estos son el caminar de nuestros miedos.
Un paso a la vez y una estrella para observar, la realidad es como el universo, real, dudosa y complicada en el tema de la oscuridad. Porque es desde ahí donde todo lo que somos es parte de esos instantes de miedo y de susto comprendidos desde la sorpresa.
Afrontemos la oscuridad, domarla es una convicción y rompamos la tradición que hoy tenemos. La oscuridad fue la primera luz desde el origen de todo lo que somos.
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