El cambio es un movimiento, todos lo usamos para aprender a ser en medio de las crisis.
Al hoy, todos hemos estado viviendo distintas pruebas, esperanzas, desesperanzas, inciertos como verdades a las cuales nos aferramos, sin importar donde estemos, comenzamos a entender que a veces después de haber sufrido un poco de tiempo, habrá restauración, sostenimiento, fortaleza y afirmación sobre un fundamento sólido. Eso parece una promesa y lo es, en nosotros está la fe para creer o la duda para buscar la fuente de todo conocimiento.
Caminar las distintas sendas de la vida, nos lleva a sentir el ahora como la única forma de estar en medio de un lugar, un tiempo y con las personas que están cerca, ya que las que han decidido marcharse (por voluntad propia o por las circunstancias) también nos pertenecen y éstas alimentan parte de nuestros recuerdos. Esos que nos motivan a reflexionar, a introspeccionar y a compartir lo que hay dentro, aceptando que hemos callado y que cuando queremos hablar parece ser demasiado tarde.
Somos una llamada, un mensaje de texto, de Whatsapp o Telegram, somos algo más de lo que ya somos, y esa es la importancia del saber actuar, aunque parezca tarde hagámoslo, consideremos vivir diferente pero también aceptando que nos hemos equivocado. Si, como hombres o como mujeres nos equivocamos, no todo lo sabemos hacer y no todo es perfecto y no todo solo tiene una versión de la historia, ambas versiones son la misma cara, por ello quitarnos los guantes es una tarea de todos los días, caminar la segunda milla es un reto, pero si todo eso tiene un fundamento que sea el amarnos por lo que somos, lo que hacemos y lo que dejamos de hacer, ya que todo lo que hay hoy en nuestro medio es la relación perfecta para aprender a comprender.
Comprender que estás cerca y a su vez lejos, que de ti sale una confrontación continua para superar la individualidad, la autosuficiencia y aquellos errores que cometemos al no demostrar lo que en verdad hay en nosotros y a lo que le tenemos tanto miedo y es a nuestro yo humano, es que es tierno y contundente, gentil y egoísta, amoroso y que se abstiene de dar amor. No por prejuicios sino porque ha olvidado cómo darlo, ya que ha pasado tanto tiempo que no sabe qué es el amar nuevamente y solo tiene que romper todos sus argumentos para sentir a profundidad.
Esa es una leve comprensión de lo que somos, de saber que en el pasado hemos sido maltrechos y de que en el presente todo puede ser distinto, sí, somos de esa comprensión del ayer, de los actos afortunados y desafortunados, del sentir bonito y del no sentir, de pedir perdón y desaparecer de la vida, como también de ser rechazado y olvidado.
¿Quiénes somos para enterrar y morir a todo? ¿Quiénes somos?, somos aquellos que han olvidado ser, que se han aferrado a su soledad y tienen tanto miedo de volverse vulnerables que prefieren dejar todo ahí y no intentarlo más. Somos aquellos que dudan de sus capacidades sociales para dar, servir y sobre todo para agradecer. Quizás estamos en un mundo construido, dudoso o lúgubre, pero nuestro carácter se pondrá a prueba si decidimos en vez de enterrar todo sembrar jardines.
Aprendamos a construir el mundo, los jardines, esos que tiene rosas, girasoles, lirios, tomates…, las relaciones, los vínculos y aun las soledades que son necesarias para pensar la vida que hemos decidido, aquella que en ocasiones es fácil pero que en otros momentos se complica con nuestras acciones y pensamientos, aceptemos, reconozcamos, bendigamos a otros y sigámoslo haciendo, el que persevera alcanza, este verá los frutos de sus disposiciones y así mismo atraerá a aquellos que quieren estar y permanecer.
No podemos dejar que algo que está en nuestra contra domine nuestra naturaleza, más bien reconozcamos, pidamos ayuda, levantemos la mano y cambiemos, ya que si algo buscamos como humanos es no estar por mucho tiempo en el mismo lugar, y si estamos es porque hay algo aun que debemos aprender.
Todo lo que no nos ayude que no venga a nosotros, más bien cuidemos, ayudemos y sepamos que el tiempo y la disposición siempre está a la puerta, permitamos el comprender para superar nuestros estadios de confort y saber que desde nuestros prejuicios no hacemos nada, más bien que esta sea la mejor conversación que tengamos para disfrutar todo lo que ya hemos hecho.
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