Nueva temporada de más escritos, más ideas, más reflexiones y conversaciones.

Los cambios piden música pero no hay evolución sin baile.

Todos aceptamos los cambios cuando los creemos correspondientes a nosotros, avanzar muchas ocasiones es no ver atrás, por eso tenemos millares de recuerdos que nos hacen pensar que el ayer ha sido mejor que el hoy, pero puede que no sea tan cierto, porque el ayer lo vivimos de una manera muy distinta a la que hoy asumimos las cosas. Entonces en esta paradoja podemos estar mucho tiempo, pero al fin y al cabo sabremos decir que el ahora es la mejor oportunidad que tenemos para acercarnos, crecer, cuidar y disfrutar todo lo que nos rodea.

La naturaleza nos enseña del mundo, de la realidad y de lo que el hombre considera como bueno y malo o lo que este necesita para sobrellevar todas las circunstancias que lo rodean y que lo sucumben en su propia aniquilación, porque en esto si lo humano es experto y es en provocar sus propias crisis y hacer creer a sus pares que no es tan cierto lo que se dicta, más bien es solo la especulación de uno pocos que desean alarmar el mundo (vemos esta relación entre lo científico, lo ambiental, lo político y los medios de comunicación).

Por eso, hagamos un alto hoy, en nuestra vida, en la existencia compartida y en las distintas maneras con las que nos relacionamos en nuestro hábitat, ya que si prestamos atención todo lo que nos rodea agradece su existencia a su Creador (¿cuando fue la última vez que agradeciste?) y siempre en sus movimientos hay una danza que traducida a lo que consideramos esencial es gratitud por lo que puede ser y lo que no, ya que en sus propios ciclos están y estos inician y terminan.

Miremos los árboles, las flores y las plantas, ellas con las corrientes de aire danzan, sueltan sus hojas y se sienten renovados, frescos y más ligeros (¿será que eso lo podemos colocar en práctica nosotros?), ahora veamos las hojas que salen a volar, entre unas y otras se chocan, hasta que cada una comienza en sí su vuelo, ese que las eleva tan alto que sienten viajar hasta reposar nuevamente en el suelo.

Qué podemos decir de la lluvia, esa que se masifica en gotas y más gotas, y en ocasiones aguaceros, tormentas, y porqué no pensar en las que llegan en mayo, vienen desde muy alto, toma velocidad, y comienzan a chocar, a generar ruido y este ruido muchos lo disfrutan y otros solo lo usan para descansar, también hay otros que lo único que hacen es espera para así mojarse, para caminar bajo la lluvia o para bailar junto a las gotas que tocan, rozan y rebosan la piel, el rostro, el cuerpo. Pero también hay algunos que solo huyen porque estos aguaceros no les gustan.

Ahora veamos el cortejo que pasa tanto en humanos como en animales, ambos actúan de acuerdo al baile o la danza para acercarse a su pareja, para aceptarla, reconocerla, o disfrutar de un punto en común, su cuerpo, los animales a diferencia de los humanos lo hacen para procrearse, y jugar, los humanos también pero eso va mucho tiempo después.

El baile y la danza también se pueden ver como una expresión cultural, entender ello es ver la resistencia, la academia que los atraviesa y aun el legado de dolor, aceptación, humillación y revolución que los cobija, todos los pueblos culturales resistieron a sus colonizadores a través de su cultura, escondiendo así sus mitos, leyendas, expresiones y aun resistencias. Todo baile tiene una esencia de fondo que muestra que sin él no hay transformación. Y todas las culturas, sean del caribe, del pacifico, del mediterráneo, del centro de las naciones tienen una expresión a través del baile. Muestran para sí su historia, su legado y todas las decisiones que han pasado de generación a generación y hoy los mantiene vivos.

Por esto, que el baile sea una realidad, si no sabemos es tiempo de aprender, para hacerlos solo y en compañía, para entender que el mundo, el medio y las culturas que habitamos ya que desde ellas vemos la mejor revolución y evolución de lo que somos. Y si aprendemos a ver a otros danzar, es porque algo más allá de lo cotidiano nos conecta con el movimiento. Ya sea de los árboles, las hojas, las gotas de la lluvia o él ver ese juego entre animales y lo humano. Todos expresamos, aprendemos y cuidamos.

  • Cuando el mundo solo es el complemento del pensamiento, imaginamos a los pingüinos saliendo a y a bailar bajo la lluvia.

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