Nueva temporada de más escritos, más ideas, más reflexiones y conversaciones.

Pensé que estabas en el estruendo más fuerte, en aquel terremoto, en los vientos huracanados, el fuego de la tierra, pero no, ahí no estabas, te encontrabas en el susurro más apacible. 

Hoy gritamos, mañana escribimos, pero siempre resistimos al poder cegado de los gobiernos, de aquellos que dicen hacer por muchos, pero en verdad solo hacen para sí mismos, para sus tiempos, sus riquezas y aun sus relaciones interpersonales que en noticias periodísticas muestran el lado amable de su carácter, su humanidad socialidad, pero ahí es donde nos damos cuenta del engaño, de esa paradoja que tienen y que hacen y de cómo su misma ingenuidad cala en algunos pocos y los hace creer en sus discursos vacíos.

Esos que proclaman libertad, igualdad, oportunidad, pero que son construidos por unos terceros que no son cercanos a la realidad, sino más bien priman en sí los gustos, los placeres y las dicotomías personales, que los hace sentir importantes o de gran valor, pero al final del tiempo solo son un pasatiempo de aquellos que han tomado decisiones por otros.  

Todos somos conciudadanos de una misma nación, somos iguales ante la ley, eso dicen, pero algunas voces difieren de esto y dictan que somos similares ante los derechos humanos, pero esa es una buena forma de saber que no todos nos reconocemos igual, y no todos conocemos lo mismo, el que tiene información es libre, pero aquel que grita aun desde su nacimientos es real, es una voz que se levanta en medio de las circunstancias, de las catástrofes y aun de la felicidad para decir que todos debemos poseer lo mismo, quizás los derechos que más nos representan son los de los pueblos.

 Esos que dictan que todos podemos trabajar en colectividad, en el despertar de nuestra autonomía, autosuficiencia, y en soberanía dictando así la mejor representación de lo social, lo cultural, lo económico, lo político y lo religioso.  

Nuestras palabras no son una crítica al que tiene y al que no, es más bien la esperanza tardía de que todos podemos hacer parte de la veracidad de los hechos, de la historia que construimos y aun de la prudencia con la que nos relacionamos, el que tiene que de, él que no tiene que de, todos debemos entender que desde lo que somos y tenemos podemos compartir un poco y así hacer la vida más transitable, más posible para todos y aun para los que faltan con llegar, ya que las acciones se vuelven decisiones y estas nos hacer reconocer que todos habitamos el mismo espacio y así nos reconocemos.

Gritar es reconocer la voz de quien nos habla, quien nos aconseja, pero también de quien calla y solo espera que actuemos con prudencia, verdad y valor, todos podemos de una u otra forma ayudar a otros, a entender las causas y que estas sean más que suficientes para despertar e ir en contravía de todo lo que está establecido. Podemos ser inconformes, acoplar al mundo a lo que somos y marcar la diferencia.

Actuemos, cuidemos, sirvamos y seamos francos con las circunstancias, todas estas merecen ser conocidas por muchos y desde ahí romper los ciclos de dominación, esclavitud y manipulación. Los que tienen el poder tiene una parte de este, nosotros tenemos el resto, si creemos está bien, pero si dudamos está mejor, ya que la duda nos acercará más a la verdad que a los datos que determinan nuestros comportamientos, para las inteligencias artificiales somos predecibles, pero no lo somos, somos inciertos, verdades, valores y sobre todo espejos que no queremos repetir.

Que siempre existan los gritos de ayuda, de misericordia y aun de descarga emocional para así sentir, vivir y creer que la libertad es una construcción que a todos nos corresponde realizar para nosotros y las próximas generaciones.

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