Las sombras han existido, no es válido cometer sus mismos errores.
Es válido creer, pero no es válido jugar con las creencias ajenas, una vez alguien mencionó en el viento que “todo actor, sujeto social es de conocimientos, creencias, y estas últimas al final da paz, paz que no se entiende, sino hasta que se vive”.
Vivir lleva consigo el escribir ¿pero por qué se escribe?, para añorar la tristeza, contar la felicidad y buscar en las letras un consuelo que no ha llegado con el compartir con otros, ya que ese compartir lo cambia todo y puede que nos haga entender la importancia de la transformación, la aceptación y la importancia de las hazañas, para así, ir convirtiendo cada hecho en una anécdotas que se pueda compartir y traiga consigo regocijo y/o gozo.
Cambiar, es para todos los que en verdad han comenzado a ser conscientes de lo que tienen y de lo que en verdad deben alejar de sí mismos, todo lo podemos poseer, pero esto quizás no se acerca a lo que en verdad nos corresponde, serán nuestros sueños, anhelos y aquellas ideas las que nos enseñarán a desarrollar esa santa terquedad de caminar y nunca dejar de hacerlo, ya que si lo abandonamos el tiempo pasará y este será nuestra consecuencia y solo lo veremos pasar como la vida misma.
Pasar los momentos, es aprender a iniciar nuevamente, es pensar en aquello que debemos soltar y en su mejor lugar olvidar, ya que como actores de esta sociedad, entender el espectáculo es saber sortear todas los enfrentamientos que tenemos ante lo que otros quieren imponernos y son sus convicciones ante lo social, lo político, lo económico, y lo cultural.
Por ello, escribir a una sombra es saber que aun no tenemos cómo describir lo que nos falta vivir, es algo que no ha llegado, que es muy de nuestro yo, pero que al entenderlo sabemos que debemos superar lo terrenal, es decir la carne, las pulsaciones y aun esos deseos enfermizos que llegan a nuestros huesos y nos enferman, nos hacen dependientes de lo que no satisface y poco a poco destruyen esa verdadera imagen con la que hemos sido concebidos, esa que se desvaneció a muy temprana edad o solo la escondemos para que no la destruyan.
Todos los sucesos son dolorosos, bueno algunos de ellos, pero los que ocurren a edades muy tempranas marcan el horizonte que comenzaremos a transitar, uno de aprendizajes, experiencias, retos o esos momentos a solas qué edades muy avanzadas apreciamos cómo la mejor forma para vivir.
Todas las edades se distinguen por la apariencia, la madurez y el crecimiento, todo es correspondido, acertado y dado en la medida que se necesita, una y otra vez los sucesos personales y colectivos alteran nuestras comprensiones y estos hechos solo dejan una que otra cicatriz en los cuerpos y las memorias y en las emociones que se comparten con los más lejanos, una y otra vez como cartas abiertas esperando ser leídas.
Muchos lo han dicho pero no muchos creen, somos cartas abiertas expuestas para que muchos nos lean, es decir, todos más allá de nuestras representaciones somos el ejemplo de lo que en verdad somos, algunos no prestan la atención en el ejemplo sino en la apariencia, es válido pero cuando se confronta desde el sesgo general de la sociedad esta puede ocasionar los errores más grandes de nuestra propia historia. La cual posee el inicio y siempre el final de lo que somos, llenos de miedos, fortalezas y de esos retos que nos han hecho fracasar en lo que nos hemos convertido.
Es desde acá, donde debemos comenzar a plantear la importancia de las formalidades para ejemplificar nuestras vivencias y conductas, para exigir al mundo la visión de lo que en verdad nos da vida y en ocasiones no da la muerte como respuesta justa a nuestras necesidades y esas calamidades que cargamos. Esas necesidades son la exaltación clara de lo que en verdad merecemos cambiar, en pro de nosotros mismos, de los que nos rodean y de aquellos que no han llegado.
La historia avanza, y todo el curso se va dando, somos nosotros los que hacemos de la historia nuestra aliada para no cometer los mismos errores que nos preceden, errar es parte de el afianzamiento que tenemos para hacer historias, somos el producto de nuestra propia extinción y así mismo nos convertimos en esclavos de nuestros deseos, son sueños y anhelos no conocidos los que nos llevan a creer, construir por otros y así desarrollar nuestras mejores habilidades las cuales comienzan desde los silencios. De hoy en adelante no hablaremos de la historia que no conocemos, sino de la que hacemos para demostrar que somos esos autores de las páginas en blanco que se apasionan.
Todo cambia cuando somos diferentes y entendemos que ir en contravía del establecimiento es una opción, y así mismo nos mantenemos en nuestra propia argumentación aceptando, valorando, respetando y aprendiendo en todo momento, ya que pensar es el mayor de los actos.
Defendamos los derechos de aquellos que no los reconocen, que la dignidad sea un argumento para amar más a la humanidad, soltar nuestros egoísmos es saber que desde los errores podemos modificar nuestras costumbres, y así entender que el origen no es una casualidad, sino una causalidad donde el repetir no es opción, lo que debemos hacer es aceptar, asumir y seguir el horizonte que nos falta transitar, muchos hablan de igualdad, libertad y orden, pero a veces el caos es solo el comienzo de todo lo que somos. Porque la vida no es un olvido, es la historia que podemos contar.
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