Nueva temporada de más escritos, más ideas, más reflexiones y conversaciones.

Las sociedades tienen crisis, pero en la que vivimos está al límite, y los que estén preparados son los que en verdad triunfarán.

Es la distopía de nuestras propias creencias, es la exaltación de nuestros errores, es decir, son las grandes desgracias de nuestra humanidad contadas como las mejores victorias. Es mentir una y otra vez por el otro, reconociendo sus decisiones absurdas como innovadoras, llamando a los humanos dioses, seres perfectos, dignos de alabanza e imitación, es un ustedes pueden hacer lo que su corazón les diga, mientan, mientanse esa es la felicidad de este siglo. 

Siglo XXI que ha perdido mucho tiempo, en confundir las creencias, los valores y el desarrollo que cada uno puede tener, sus consejos no son sabios, solo son palabras efímeras que cuestionan las bases personales para poder encajar en un mundo moderno algo retrógrado. Encajar es la moda, la política, y riqueza en cada acercamiento a las nuevas generaciones, estás se especializan en el abastecimiento de información y nada de reflexión.

¿Por qué?, esto ocurre porque no hay un criterio ni una posición reflexiva, sólo hay una tendencia, una moda y un desarrollo interpersonal sustentado en la virtualidad de las redes que dicen ser sociales. Que en el comienzo de este siglo, brindó conectividad, cercanía y lejanía, diciendo una y otra vez; el mundo está aún clic y es cierto, el mundo está aún clic, pero un clic de volvernos insoportables a nosotros mismos, y a las emociones que podemos sentir con el otro y para el otro. 

Así, los dioses, hechos hombres son los ídolos, han sido formados y forjados en la decadencia de lo contemporáneo, a los intereses paupérrimos de los que dicen tener el control, desarrollando avatares para sí que dicen que la perfección y la fama son para este tiempo, tiempo que solo es uno, y nunca más volveremos a él. 

El tiempo no es oro, como lo dijo aquella vez Franklin, el tiempo es la realización de nuestra humanidad. No es la riqueza, ni la fama, es la influencia que tenemos, que desarrollamos, esa es la idea desde lo básico, hasta culminar, sin apresurarnos, solo cumpliendo nuestro rol, nuestra misión, nuestra esencia, ser nosotros mismos.

¿Qué? ¿Ser? si, ser, ese es el resumen de nuestra decadencia, hemos olvidado el ser, y nos relacionamos para creer comprender que con un like o me encanta podemos brillar en un mundo lleno de consumo, ¿consumo? si, el consumo de nosotros, nuestra naturaleza, y el hábitat que conocemos, cada despertar que nos lleva a socavar los recursos que están a nuestra disposición, el no pensar, el no sentir, solo el ilusionamos.

Vivimos efímeramente, sobrevivimos a nuestra creación, la sociedad, esta que no avanza, solo se estanca y reacciona a las ideas pasadas, ideas que nos hacen vivir con inciertos, con dualidades y esas costumbres paganas de desear acabar todo con la muerte. Muerte a nosotros, a los ojos de los otros y aquellos que nunca verán la luz.

Decaemos tan profundamente, que la historia no podrá contar lo que en verdad ocurre, ocurrencias, inocencias, virtudes, humanidad, eso no lo conoceremos, ¿por qué?, porque nunca nadie tomó el tiempo para aprender del otro. Sus saberes sólo fueron la excusa para ver la vida pasar. Vida que terminó con aceptar todo el ingenio de la ciencia y la creencia en confrontación más cruda, acercándose a los extremos y al nunca ceder.

¿Ceder? Sí, ceder, ya que en la unión de ambas está el complemento, no en su propia posición. Todos los dioses destruyen, pensamientos, emociones, acciones, valores y formas constructivas de las ideas, todos sin importar quieren invisibilizar al otro, al inferior, al que no reconocen, al que no tienen origen, al que siempre ha existido y solo lo catalogan como nadie.

Todos ellos están en este momento, están en el avalar todo sus deseos, sus acciones y sus costumbres predilectas. El hombre persiste, insiste y solo no actúa, este hombre es un animal racional de costumbres y al momento actuar solo no invita, no valora, no gesta sus propias ideas, solo copia al que si se ha preparado para ello. 

Todo momento nos lleva a una decisión, esta nos invita a dejar volar todo lo que nos construye, tanto desde las utopías hasta los sueños más permanentes que tenemos, los cuales solo son metas que se enmarcan en los deseos de la sociedad para nosotros, para los nuestros o para aquellos ajenos con los que compartimos este mundo, todos somos unos habitantes que primamos el yo que lo colectivo, y en otras palabras sería, somos tan egoístas que solo deseamos para nosotros pasando por encima de la otredad. 

No hay ideal más justo que entregar la vida por otros, pero nuestros ideales son moldeados por aquellos que dictan un único pensamiento y este es más fuerte que nosotros mismos, y por ello cometemos errores los cuales hoy conocemos como las utopías de la sociedad perfecta y que de ahora en adelante lo llamaremos distopías, porque no cometer errores es la creencia de que podemos sólo designar a una persona específica el poder para hacer desde sus acciones la memoria, el recuerdo más permanente y la disposición para dar consejos como aquellos sabios de antaño y podríamos denominarlo dador.

El hoy se nos abre como posibilidad, pero se nos cierra como destino, pensar el mundo que queremos en el mañana exige de nosotros más de lo que tenemos, todo tiene una forma y para conseguirlo debemos sacrificar quizás lo que nunca volverá, el tiempo, las relaciones, las noches, las cenas y aun esas caminatas que disfrutamos, no hay ideal sin sacrificio, y esta es una apuesta, una intención que cada uno de nosotros aprendemos de la vida. 

Muchos vendrán, otros solo se quedarán pero que otros alcancen lo que nosotros no podemos es solo la secuencia de conocer nuestras limitaciones, romper las barreras y esforzar a otros para que estos conozca, transiten y compartan lo que aún no tienen, no como el lenguaje de los mártires que cumplen una posición clara en la historia, sino que las ideas, los ideales, y las acciones sean la iniciativa permanente de creer que más allá de la fuerza existe la verdad, la lealtad, la fe y el amor que se levantan como creencia de igualdad, que como seres humanos necesitamos, sin fronteras, sin colores sin conmiseraciones, solo con realismo, creatividad, el entusiasmo, compromiso y autenticidad.

Volar los sueños es invita a caminar, a descubrirnos, a sanar nuestras dudas, nuestros miedos y convertirlos todos desde la individualidad en resistencias y en luchas que generen transformación en nosotros mismos y en el otro que nos rodea,  el camino no es como nos dicta el dador, más bien este es el que nos dice cómo podemos ser parte de él, de sus secretos, su lenguaje y aun esas uniones que se gestan desde ir de un lado al otro sin ocultar lo que la magia, la palabra hace en sí, su cumplimiento y su firmeza.

Necesitamos de la colectividad, para romper la decadencia, los males que debemos afrontar, y así asumir las dificultades con fuerza, con servicio, con gratitud al viento, a lo que sabemos y a esas voces, que unen lo pasado, con lo presente y que se acercan a la palabra, el grito, la verdad,  la defensa del que no tiene voz y siempre ha sido catalogado como invisible Que está decadencia nos enseñe a aprender, a ofrecer por esos sueños, planes y metas de otros. Todo se puede escribir, puede dejar huellas y sobre todo momentos. 

La tierra es un lenguaje, es una semilla, y es la labranza, que nos cuenta los recuentos mágicos de nosotros en ella, somos de la tierra y a ella volveremos, somos la semilla que crece y comienza a avanzar desde las épocas históricas hasta las que vendrán, es la identidad de las costumbres, las actitudes, las sociedades, los juegos, y las emociones que aún no han llegado, pero más allá de todo ello somos parte de los sentimientos que no se acaban sino que perduran por eternidades y sobre todo generaciones que se levantan pese a sus crisis.

Somos decadentes, somos aquellos que crecen, se bienaventuran, se olvidan y aun tiene la practicidad del tiempo para vivir. Pertenecemos a la tierra, es que es vida, agua,  viento,  calor, carmesí, marrón, influencia, desecho, estrategia, miedo, alegría, eternidad, principio y sobre todo ello muerte en otras palabras, somos fin. Que termina y vuelve a comenzar, como una explosión o como un volver a comenzar, porque desde el ancho al angosto, de lo alto a lo abajo, del siempre a lo ausente, de una acre a la cercanía y así al mañana que solo es la respuesta de nuestro hoy.

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