La verdad es una, pero nuestras acciones deben ser contrarias a esa verdad.
Hay una diferencia en hacer las cosas que en verdad favorecen a otros que las que personalmente nos llenan, la oposición es sencilla, es la esencia de lo que somos y de aquello que olvidamos, somos un mar de anhelos, de esperanzas y de reconocimientos al otro, esa es la virtud más grande de la vida y es la posibilidad de ver el propósito que tenemos como seres humanos.
El mundo cae a derecha y a izquierda, las necesidades se multiplican y las fuerzas en ocasiones se acaban, esté acabar es por la relación existente de no encontrar soluciones a las situaciones preexistentes, generando así una pérdida radical de la esperanza, está que es fundamento de toda utopía.
El actor social se renuevan, se restaura a la medida de que sus conocimientos e ideas se multiplican, esto se da por el interés nato de cambiar y hacer de sí mismo una conciencia de clase, la cual está ligada al proceso del reconocimiento socio histórico y en le levantamiento de las resistencias las cuales se da en las líneas generacionales de lucha, la resistencia se da en un sistema que cae, muere y solamente debe cambiar, no como solidaridad sino como radicalidad, ya que si esto no ocurre todos estamos destinados al mismos lugar, a la muerte y el sepulcro fuera de nuestras ciudades aun cuando algunos se anticipan a su hora.
La rebeldía es justa esta está de acuerdo a las convicciones del buen vivir, vivir bien, en un medio donde todos tenemos cavidad, es decir un ambiente seguro, digno y valedero de cuidar, compartir y siempre conservar. No somos solamente transeúntes en la tierra, somos más que un propósito, una virtud y una justificación que se da para exaltar nuestro orgullo y así exceder el servicio en la mayordomía. Cada uno de nosotros somos un correctivo y una memoria compartida de hechos que en verdad merecen ser analizados para dar transformaciones a lo que conocemos hoy en día.
Muchos hablan desde el ejemplo, otros de la importancia de ser referentes, pero podemos pensar la realidad como sujetos y actores sociales, que más allá de buscar un reconocimiento por sus derechos humanos, saben actuar y hacer el bien desde sus derechos naturales, los cuales son fijos a sus proceso de evolución y reproducción social en un contexto específico no igualando a todos sino reconociendo las riquezas de la diferencia.
La memoria es el acto más subversivo que poseemos, en esta existe la acumulación de saberes, información, hechos, conocimientos, lugares…, esta nos muestra la disposición que tenemos para hacer la praxis personal, nos permite creer, aguardar esperanzas, anhelar la justicia y convencer a la razón de que el mundo puede cambiar si no nos cansamos de hacer el bien, aumentemos las reflexiones, la argumentación, y el valor de la visión crítica a las circunstancias, por ello, usemosla, trabajemos y mejoremos la calidez de nuestra otredad y nuestra proximidad como seres humanos.
Nuestra misión no es solo una, ni dos, sino que con el pasar del tiempo hemos de entender que lo que no conocemos es lo que en verdad debemos hacer, para exigir a nuestras propias sombras lo mejor de ellos cuando crezcan. Aún no lo sabemos, pero debemos entender que nuestro legado solamente se pasará a personas muy cercanas a nosotros.
Por ello, contradecir la verdad es crear una insólita idea que afecte y forme en otros un carácter comprometido por las causas reales, no de paz, ni de guerra sino de entendernos los unos a los otros con distintos puntos de vista.
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