Debemos construir un pasaje que una lo antiguo con lo moderno.
¿Dónde estamos cuando construimos hechos tardíos?, podemos estar ensimismados o en los recuerdos perdidos de los que ya no están, ellos han dejado este mundo para aprender a ser parte del nuestro, son esperanzas tardías las que los mantienen vigentes, transformaciones son las que necesitamos para emprender, para ir en pos de lo inimaginable y desde ahí cambiar el mundo. Todo lo que merecemos es un poco de esencia y claridad tardía de lo que ha existido y lo que hoy es nuestro recuerdo.
Todo lo que éramos y lo que seremos solo es un suceso que trae conflicto y calma. Debemos encontrar la locura para imaginar un mundo posible donde la esperanza desenvuelve el misterio de la vida, nuestra vida, la cual ha comenzado desde hace mucho y se proyecta hasta el milenarismo.
Todos poseemos un designio, una predestinación, un poder encarnado en nuestro interior que nos hace observar con celeridad los entornos y desde ellos poseer y conquistar. Con las palabras hacemos promesas, historias, mitos, leyendas y puentes. Acá lo que nos trae una y otra vez es el reconocimiento de la otredad, no somos nada si no nos reconocemos. Conquistar es contar las historias compartidas y saber que en distintas temporadas hemos estado rotos, quebrados y victoriosos.
Poseer es todo un misterio que debemos conocer para creer, en nuestra sociedad hay mucha banalidad y encontrar algo distinto genera curiosidad, es a esto que debemos trabajar en lo esencial, en lo que mueve el corazón y el pensamiento, en esas rupturas generacional que tenemos y por qué no en las historias, aquellas que no debemos repetir, pero sí observar con detenimiento y saber que si cambiamos nuestras sendas podremos tener un mejor mañana.
Las tradiciones son de interés para aquellos que buscan más que pasar el tiempo, son la esencia misma de la existencia, trabajarlas y contarlas es unir épocas de la humanidad donde el conservar y mostrar es hacer de lo que somos un patrimonio irreprochable. Escuchar al adulto mayor -anciano- es hacer remembranza para que el niño no deje de jugar y solo pueda imaginar lo posible aun cuando solo ve las nubes y la luna que lo persiguen. No olvidemos las historias, el respeto y lo que en verdad importa.
¿Pero qué importa? importa nuestra esencia, el legado, el buen nombre lleno de pasados, el cual está cargado con un sobrenombre que solo en historias podemos reconocer, este es el reconocimiento, es tejer la palabra interna que todos poseemos y de cómo interpretamos el mundo que vamos soltando y dejando a diestra y siniestra para que exista nuevamente en nosotros y en esos pasos que nos faltan por dar, no es una promesas es solo el reconocimiento que debemos siempre dar a todos aquellos que nos acompañan pese a los tiempos.
El tiempo solo es la secuencia de nosotros y la influencia que tenemos para con otros, es tan personal que sólo olvidándolo nos podemos dar cuenta de nuestra esencia en el pasaje del ahora, si entendemos que la vida no es de marcas ni de nombres famosos podríamos creer que lo real es lo que aprendemos a ver con otros en los momentos de quietud más allá de nuestra matutinidad.
Seamos sinceros, hablemos con la verdad, cuidemos, no por franqueza debemos destruirlos, más bien respetemos, valoremos y amemos lo que el otro es. Todos lidian con un mundo en su interior, el mundo exterior solo es la faceta que se muestra para sobrevivir, seamos solidarios y no muramos en el intento, superemos nuestras fallas, construyamos en lealtad y en ideales, hay muchas causas que luchar y otras por acompañar.
La lucha hoy en día no es contra nosotros mismos, es contra las ideologías que determinan todo nuestro sistema, nuestras relaciones y como solo somos instrumentalizados por el producto económico, que saber aprovechar el tiempo, la vida y los vinculos a su beneficio, y ese beneficio es solo la causa perdida de nuestra esclavitud moderna que se cae a pedazos cuando descubrimos las barbaries de cohecho e injusticias en público.
Correspondamos para avanzar en el ahora y en este mundo al revés. Caminar en sentido contrario es tener palabras de ánimo, de valor y de afirmación para otros, que con reciprocidad aceptan la diferencia, ayudan de forma desinteresada y actúan pese a las circunstancias. Nuestra generación muere, pero que esté morir solo sea el comienzo para llenarnos de valor para continuar, avanzar en lo que en verdad merecemos conquistar y esta es la virtud que podemos desarrollar cuando entendemos que la libertad es un estadio y este se hace desde los pensamientos.
Deja un comentario