Qué tal si caminamos, construimos, huimos y dejamos en quienes nos rodean el mejor recuerdo.
Caminar es descubrir que dentro de muchos recorridos planeados, unos hechos y otros por hacer, este nos deja las huellas que otros recordarán, ya sea nuestros nombres, la verdad del trabajo conjunto que hemos hecho, y toda la labor por el mejoramiento de la calidad de vida y la coherencia que se debe poseer cuando leemos críticamente la sociedad y así sus nuevas exposiciones, brindando la mejor opción para mejorar o por el contrario para ser el obstáculo permanente de lo que todos poseen en su interior, lo cual puede ser carencia y/o gratitud por el reconocimiento de los esfuerzos que otros han hecho.
La vida nos ve pasar, son sus recuerdos los que nos hacen contar las leyendas que solo nombran a unos pocos y estos a otros peregrinos que han vivificado todas las circunstancias y hoy las cuentan como historias llenas de reflexiones y nuevos argumentos.
Hoy, recordamos a algunos que han hecho su historia primeramente, amigos, hermanos, conocidos, familia, todos ellos siempre se complacen en contar sus aventuras para hacer la invitación al avance de la vida, en experiencias y sobre todo en aquellas circunstancias que se deben olvidar, ya que todo esto debe llevarnos a nuevos ¿porqués? o ¿paraqués?, ya que desde las soledades, los miedos, los temores y aun las influencias que otros han hecho nos definen como creacionista, evolucionista, o políticos.
Todos necesitamos la sociabilidad de la vida, para expresar lo que poseemos, lo que entendemos y aún lo que trabajamos por naturaleza, ya que en el creer encontramos la causante de todas las malformaciones de la sociedad y esta está ligada con la libertad, la elección y el soborno que se hace dentro de las democracias representativas y directas, las cuales dicen estar llenas de horizontes, pero solo se quedan en el discurso público hablando desde lugares no conocidos, describiendo el mundo y direccionando aquellos senderos que existen para encontrar la felicidad la cual solo se encuentra en ocasiones lejos de nuestra comodidad.
Todos tenemos días que parece que ya hemos vivido, el tiempo solamente nos aguarda un poco para repetirnos la misma historia, ahí es donde todo sucede, es con nosotros y con lo que está a nuestras afueras, es del creer como de la oportunidad, del saber como del reconocimiento, de la realidad como del espejismo social. El mundo de hoy lo vivimos desde las redes sociales virtuales o desde la obstinación del conocimiento desde el trabajo ligado a la academia, la cual nos enseña a explorar y desarrollar la imaginación y la representación de lo concreto y lo abstracto en los saberes de muchos.
Que solo llevan consigo una sintonía de lo que es el esfuerzo y la calma disfrazada del fracaso, obstaculizando así lo correspondiente a nuestras decisiones erradas de lo mejor y lo permanente, desde lo seguro y aquello llamado incierto, para apaciguar la caída que todos en su momento conoceremos, ya que no importa donde estemos, el cuerpo como el espíritu atestiguan los ideales de un camino esperanzador.
Hay quienes pueden decir que somos grandes soñadores, idealistas, y compositores al momento de crear, pero si decidimos hacer nuestra vida lejos de las ciudades, podríamos decir que la vida es completamente diferente, es una insólita situación de enfrentarnos a lo desconocido pero sobre todo poniendo a prueba nuestras habilidades contra el medio ambiente.
Todos caminamos a lo seguro, pero descubrir los inciertos es quizás lo más humano que poseemos, ya que antes asentarnos en las ciudades éramos inmigrantes, nómadas y eso era lo importante, estar dispuestos al caminar, al ensuciarnos los zapatos como la única alternativa de vivir lejos del conformismo y poder comenzar desde cero, ya que todo inicio es una verdad, es un acto y sobre todo es la transformación que podemos llamar revolución, porque la revolución no está en tomar el poder, sino en hacer de todos un instrumento adecuado para crear las relaciones sociales emancipadoras que se basen desde lo afectivo como la sociabilidad de los fines en sí mismos.
¿Qué tal si? superamos lo que nos condiciona, lo que nos ha engañado, y asumimos los cambios, las radicalizaciones y las formas incomprensibles de entender los relacionamientos humanos, no importar quienes somos o que tenemos, las posibilidades son la añoranza de reconocer a otros, por lo que son más no por lo que tienen. Ya que si vemos nuestros comienzos sabremos que todos somos iguales, algunos con posibilidades y otros no, pero que esto no sea un condicionamiento, más bien que sea la forma de aceptarnos y de trabajar las incertidumbres, el mundo no se divide en positivo o negativo, malo o bueno, se divide en quienes somos y en cómo ayudamos. Porque nuestra nostalgia es la que habla, la que nos lleva a la transformación y sobre todo a la igualdad, tanto del carácter como de la soledad, por ello, que nuestras acciones nos definan, y hagan el camino de no retorno, ya que el horizonte es mayor a lo que estamos acostumbrados a ver.
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