Sin importar el lugar donde estemos, todos podemos construir con nuestros allegados.
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Aprender del constructivismo es ver lo que somos para compartir nuestra visión del mundo, su enseñanza es caminar por la línea pedagógica de convenir las diferentes experiencias en las nuevas visiones de cada individuo, para superar la línea histórica del egoísmo y la individualidad del ser, dado que somos sujetos sociales, académicos, culturales, económicos, políticos y religiosos.
Esta reflexión se basa en la fórmula de la praxis para subvertir la visión sensacionalista de la realidad, dado que esta está cargada de filosofía, sociología, antropología y todo el proceso lingüístico de convertir los conceptos en memoria y así crear magia al momento de compartir el pretexto en el contexto.
La verdadera intención del constructivismo es reflexionar sobre las ideologías y las instituciones de poder, para quebrar y consolidar estrategias con un mayor beneficio colectivo, poniendo en entredicho los estructuralismos concretos de la religión, y la política. Dado que estas gobiernan a lo largo y ancho de nuestro planeta. Todos sin importar la orilla en la que estemos, podemos proponer rupturas que hagan cambios para apreciar la esencia de lo humano y lo natural conjugados.
No estamos solos, más bien unamos fuerzas para demostrar que entre todos podemos hacer una nueva configuración del poder, para superar la dominación de quienes procuran mantenerse en el status quo y desde su razón y odio hablar de clases.
Todos podemos injerir en la ternura de lo humano, en el reconocer al otro y consolidar la dualidad de nuestros comportamientos, actitudes y expresiones desinteresadas para potencializar lo comunitario que yace dentro de nosotros. Son tiempos de participar, de estudiar propuestas y sobre todo de unir fuerzas para apostarle a lo que tiene largo aliento en la vida, ¡las esperanzas!
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