Una vez alguien dijo, el mejor atardecer es el que tiene melancolía.
Quizás no es comenzar, cada paso es una apuesta distinta desde lo que se sabe y se desconoce. Todo es realizable, inicia con el propio desarrollo y entiende las implicaciones pertinentes del ser y descubrir los adjetivos correspondidos que tienen otros. El reconocimiento y la absolución de las diferencias dan un inicio para luchar y caminar en pos de la libertad.
La independencia sufre con los pasos, sea por conocimiento o por la explicación de los sentidos y las preferencias particulares. Las deducciones nacen de la escucha atenta a los mayores que reconocen lo extraño en los discursos. Estos se dan por las distintas curvas que da la vida, con credibilidad y esperanza soñada que es comprendida por los ejemplos de aprender y de transmitir un mensaje diferente.
Qué se hace con la cercanía y la formación acertada? Ver los intentos fallidos de los argumentos de los Estados que olvidan su misión y se escandalizan cuando se subvierte el orden público de la comunidad.
Hoy se nos dice que el trabajo es colaborativo y participativo, pero las preferencias se dan por encomienda y catálogo. El mundo se mueve por los favores y los egoísmos acertados en la construcción de iniciativas no escuchadas. Más bien robadas, de ahí a entender que el olvido es permanente, es saber que lo emocional solo le juega una mala pasada a lo racional y todo esto se da por incredulidad a los representantes del Estado.
No hay cambios internos ni externos, solo la ignorancia nacional pensada desde los edificios. ¿La nación vive las diferencias entre pueblos, géneros, ideologías, o todo esto solo es la consecuencia de nosotros mismos? Como sujetos debemos buscar más deberes que derechos, lo público nos pertenece, el olvido solo es la consecuencia para aquellos que han usurpado la verdad.
Todos somos una fracción de la economía, del llamado de atención, y de la lucha contra la corrupción, por ello aprender del pasado y de la memoria es construir en colectivo el interés cultural.
Recorramos las malocas hechas museos, ver el ayer es entender que este es más cercano de lo que parece. Los contextos son la construcción de nuestros pensamientos en palabras autorizadas para reír del dolor y del otro. El silencio es la melancolía que nos hace aprender a creer, es la fuerza convincente del planeta y su esperanza que desarrolla lo tardío y el amor es ver desde el corazón. Los ojos engañan, se entristecen con facilidad, el mundo no es como antes, solo es la consecuencia de las acciones de otros sobre nosotros, y la influencia del consumo junto a la sumisión de las ideas y la eternidad.
Es por ello que entender lo milenario es ver que todo lo que somos ya ha pasado, caer en la monotonía del saber y de la muerte que muchos como nosotros nunca volverán. Y su lucha es hasta cuando el sol se apague. Por ello morir en la raya es no perder el horizonte.
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