El plan era perfecto, no hubo ninguna falla, era un gran destino, en este planeta todo era bueno, su cultura, su gente, su cosmovisión, eso sí que era nuevo para mí.
Al paso de los días, me acostumbraba a ese deslumbrante entorno, me envolvía cada vez más en lo que ese mundo me ofrecía. Entendí que todos los límites se debían romper para poder aprender, para así cruzar las fronteras que me unía más a aquella realidad, acepte lo nuevo, lo diferente desde sus placeres y esas sensaciones que me obligaban a no parar.
Ahí entendí que no hay nada prohibido.
Me sumergí una vez más en lo que mi cuerpo pedía, no preste atención al dolor de mi alma ni de mis pensamientos, solo comencé a caer en un hueco tan profundo, que cada vez que intentaba no podía salir. Dejarme llevar por mis pasiones carnales, solo me alejaba de la pureza que algún día tuve. No encontré respuesta, supe que lo que ese lugar ofrecía era una mentira.
Todo comenzó un día, en el que decidí emprender y tomar vuelo, es decir marcharme de casa. Ese mundo apareció por mi inexperiencia, por no escuchar el consejo de aquellos que me cuidaban y por alejarme de todo lo que me había construido.
Aquel lugar me enseñó el precio del placer, era tan alto, que debía aceptar la oscuridad y saber de la desaparición de lo bueno en mí, supe que en ese juego era un todo o nada. Esa partida era por mi alma, mi cuerpo sólo se satisfacía, y mis debilidades aumentaban, en ese preciso instante recordé que los límites son la línea y no pasar, son la seguridad para reconocer el costo de nuestras adicciones.
Dentro de mis recuerdos escuché una voz, esa voz que creí que me había abandonado.
Pero me habló tan fuerte que volvió a mí esa promesa que solo es mía. Su voz era tan cálida que hoy la recuerdo, porque hace eco en mis pensamientos más profundos. Me decía, vuelve al origen, a donde escuchabas con atención y no desperdiciaban los momentos con pasiones pasajeras. Este es el tiempo para contar esa historia que conoces desde pequeño, donde el sacrificio es por convicción, y la abnegación es la secuela de saber que hay una gran meta y a muchos se puede ayudar.
La muerte solo es un tránsito, soñar en vida es ver con convicción lo que falta por hacer, ser solidarios es saber que aunque el mundo tenga muchas desviaciones siempre encausaremos la verdad. Todo tiene un plan y este ya está hecho, nosotros podemos ver y conocer lo nos conviene.
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