La civilización se transforma cuando nosotros creemos en lo que se nos ha enseñado.
El poder es la influencia que tenemos para ayudar a otros, en su versión más romántica, pero hay otra definición que se camufla dentro del mismo y es el ejercicio de impartir autoridad, ya que cuando este nos alcanza, no podemos creer que todos obedezcan sin cuestionar. En esta perspectiva debemos reconocer que hay un cambio drástico, y este proceso nos hace ver más la individualidad que poseemos más que la acción colectiva.
– Es por ello que estamos en una cuerda floja contemporánea.
Somos una construcción social, y cada uno genera sus propias percepciones y apreciaciones de la realidad que se traducen en el lenguaje, este se ha utilizado para ejercer dominación a otros. Es por esto que entender estos diálogos es comprender como se puede quebrar esta tradición y generar nuevas propuestas que quiebren el sistema.
Desde lo que somos podemos suscitar estímulos y trabajar en conjunto, siendo parte de la solución de distintas problemáticas, más que esperar lo que otros han de resolver por nosotros.
A estas formas sumémosle objetividad científica, que es en palabras más, es la reflexión personal. Para dar entendimiento y calificación a lo que debe ser aceptado y rechazado desde la historicidad y el legado ancestral que tenemos. Las causas sociales nos llaman, nos dan saberes y nos transforman, es por ello que ser parte nos da diferencia.
El medio ambiente, los animales y la ayuda a otros, nos dice que es lo que podemos trabajar para trascender los pasados y generar memoria ante el olvido que es la nueva enfermedad social. La identidad está en juego, no doblegar nuestro carácter a las pasiones modernas, es rescatar los valores cercanos a las normas jurídicas, superando los costumbrismos hereditarios fieles al consumo de la supervivencia.
– Vivir parte del legado, ir en contra vía es resistir para escribir la historia.
Luchemos con el pasado, desarrollemos origen desde el presente. Nuestras experiencias serán parte del idealismo cultural que debemos mantener, no hay razas superiores, solo la defensa de nuestra identidad milenaria.
Deja un comentario